3 de enero de 2019
En los próximos meses se prevé una ralentización del sector y persistirá la escasez de oferta inmobiliaria en grandes capitales.
Acabamos de estrenar un 2019 que vendrá marcado por un principio de desaceleración del mercado inmobiliario, aunque la situación no será todavía significativo, ya que todavía al sector le quedan dos años de bonanza. Eso sí, la empresas tendrán que adaptarse en los 12 meses venideros y estar atento a posibles cambios, pero también a detectar nuevas oportunidades.
Si bien la idea de una nueva burbuja no ha calado ni entre los expertos del sector ni entre el público general, lo cierto es que se vive una situación alcista en grandes capitales como Barcelona y Madrid. Y esta tendencia parece que se mantendrá durante este año, donde persiste el interés entre inversores y fondos de inversión, tanto nacionales como internacionales.
Sin embargo, la mayor preocupación con la que cerramos el pasado 2018 fue la escasez de oferta inmobiliaria en ciudades con mayor demanda, como ocurre con Barcelona, tanto en inmuebles de venta como de alquiler. Y es que uno de los mayores problemas con el que debe lidiar la capital catalana es con la falta de suelo edificable.
En otras regiones como en Madrid, los promotores conscientes de este nuevo resurgir inmobiliario han iniciado varias construcciones de obra nueva que permitirán el reposicionamiento de los activos y atraer a la demanda nacional e internacional.
