La concesión de crédito hipotecario está más controlado y se construye menos obra nueva que en 2006.
La buena marcha del sector inmobiliario, sobre todo en grandes capitales como Madrid y Barcelona, ha encendido las alarmas para
detectar si nos encontramos ante una nueva burbuja inmobiliaria. Sin embargo, existen claras diferencias entre la situación que vivimos en 2007 y la actual, que nos permiten ser más optimistas, ya que si la pasada crisis sirvió de algo, es para estar atentos de no repetir los errores del pasado.
Uno de los factores clave está en la
transparencia en todas las operaciones inmobiliarias que permiten monitorizar todos los procesos de
compraventa y prever la respuesta del mercado sin contratiempos. Varias son las razones que diferencian la pasada burbuja inmobiliaria de la situación de recuperación económica actual, donde el mercado está más controlado.
Mercado inmobiliario más controlado
La diferencia más marcada está en que en la etapa precrisis había un
exceso de créditos e incluso por el 100% del precio de compra de la vivienda. En la actualidad, las entidades financieras son más sólidas y la concesión de hipotecas está más estructurada, pero sobre todo es más restrictiva, incluso a la hora de realizar la tasación. En este sentido, los tipos variables provocó un alto índice de impagados, mientras que en la actualidad predominan los créditos a tipo fijo que permiten un mayor control financiero con hasta 30 años vista, sin depender de la fluctuación de Euríbor y evitando pagos imprevistos, como ocurría con anterioridad.
Además, en la primera década del 2000 se vivía un boom de promoción de obra nueva; sin embargo, en los últimos dos años
se construye menos y de forma más controlada, para evitar el exceso de stock inmobiliario.
Pero, por encima de todo, entre 2006 y 2016 existía un exceso de demanda, mientras que en este 2018 hay un aumento significativo de esta demanda, pero más segmentado en áreas con mayor interés como Madrid y Barcelona, que son las plazas con más demanda. Además, ha aumentado el
alquiler de vivienda y éste representa más de un 20%.
Estas son razones más que suficientes para determine que no vivimos una nueva burbuja, aunque esto no exime de analizar el desarrollo del mercado; aunque esta tendencia
no se ha generalizado en el conjunto del país, como sí ocurrió hace una década.